Una reclamación sólida empieza por reunir contratos, facturas, comunicaciones y cualquier prueba que permita acreditar lo ocurrido. Ordenar la documentación por fechas facilita el análisis y evita omitir datos relevantes.
Antes de presentar la reclamación, conviene identificar correctamente a la empresa, describir los hechos con precisión y concretar qué solución se solicita.